Adultocentrismo, una fábrica de pequeños adultos

Por Claudio Medina Ibarra, Mago Hermes
Máquina Adultocentrismo Comunidad Magicuentos
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Había una vez un niño que no entendía qué era ser niño. A veces pensaba que era equivalente a “cabro chico”.

Sus padres, continuamente, lo criticaban por su forma de ser.

Jugar, correr, pintar, soñar, hacer garabatos, mirar los dibujos animados, comer lento, desordenar las cosas, comer caramelos, parecían cosas malas. El niño no entendía cómo debía actuar.

“¿Cómo no te cansas de jugar y desordenar?” le decían sus padres, a menudo.

A muy temprana edad, el niño dejó de hacer estas actividades que tanto le gustaban. Dejó de jugar, correr, pintar y soñar. El niño había dejado de ser niño. Se había convertido en una copia, en miniatura, de sus padres.

Ese día le dijeron: “cabro chico, que bueno que has madurado”.

Autor: Claudio Medina Ibarra, Mago Hermes

Esta triste historia se repite, lamentablemente, más a menudo de lo que quisiéramos. Lo peor es, que no somos conscientes de esto. Como adultos, queremos tener todo bajo control, todo ordenado, todo rápido y fácil, y olvidamos el propio proceso de los niños y niñas. Cada uno de estos, va a su ritmo, caminando entre, las normas que le debemos establecer, y su propio proceso psico-evolutivo. La madurez es una capacidad progresiva que tienen niñas, niños, adolescentes y adultos de tomar decisiones, respecto de la valoración de la vida, de su cuerpo, de su bienestar, de sus relaciones, de lo que los hace felices, entre otros temas. En cada etapa, se es maduro, no es un fin lejano que se encuentra en la edad adulta.

Adultocentrismo Comunidad Magicuentos
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El Adultocentrismo es la negación o postergación de las necesidades de los menores de edad. Es la instalación de una idea de realidad que tenemos los adultos. Es una forma violenta de autoritarismo, que anula los derechos de los niños, niñas y adolescentes.

 “Las personas mayores me aconsejaron abandonar el dibujo de serpientes boas, ya fueran abiertas o cerradas, y poner más interés en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. De esta manera a la edad de seis años abandoné una magnífica carrera de pintor. Había quedado desilusionado por el fracaso de mis dibujos número 1 y número 2. Las personas mayores nunca pueden comprender algo por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.”

El Principito, Antoine de Saint-Exupéry

La Convención sobre los Derechos de los Niños y las Niñas, en el artículo 12 dice, que los niños tienen “el derecho de expresar su opinión libremente en todos los asuntos que afectan al niño, teniéndose debidamente en cuenta las opiniones del niño”

Para el adultocéntrico, el niño es una versión pequeña de un adulto. Es una etapa incompleta. Hay que ayudarle para que sea grande. Y esto es un error. El niño es niño. Es un fin en si mismo, no una etapa de otro fin posterior.

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Ahora bien, nosotros que tenemos algún tipo de contacto directo con niños y niñas, debemos tener en cuenta su mundo. Nuestras propuestas deben estudiar lo que a ellos les gusta, el cómo aprenden, el humor que disfrutan, entre otras cosas. Debemos ser humildes frente a su misterio, pues no tenemos la absoluta verdad; primero, debemos escuchar a los niños y niñas; debemos ver lo que ellos ven en la TV; debemos escuchar sus gustos musicales; debemos leer sus libros favoritos, visitando las salas infantiles de las bibliotecas; y también, debemos escuchar a los especialistas de ese mundo: los profesionales de la educación.

En síntesis, no debemos suponer lo que a ellos y ellas les gusta, o les debería gustar. Debemos estudiarlos para comprenderlos.

Hace poco terminé de leer el libro “La nueva Televisión Infantil” del maestro Valerio Fuenzalida. El texto me ayudo a comprender los cambios de paradigma televisivo y que elementos debiera tener mi espectáculo para hacerlo más llamativo a los niños y niñas. Estas ideas las trataré en otra entrada de mi blog.

Como conclusión, invito a que dejemos y critiquemos el adultocéntrismo, a que entremos en la cosmovisión que tienen los niños y niñas, y que nos conectemos con aquel ser que algún día fuimos

A Leon Werth:

Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una seria excusa: esta pe rsona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona mayor es capaz de entenderlo todo, hasta los libros para niños. Tengo una tercera excusa: esta persona mayor vive en Francia, donde pasa hambre y frío. Verdaderamente necesita consuelo. Si todas esas excusas no bastasen, bien puedo dedicar este libro al niño que una vez fue esta persona mayor. Todos los mayores han sido primero niños. (Pero pocos lo recuerdan). Corrijo, pues, mi dedicatoria:

A LEON WERTH CUANDO ERA NIÑO

Dedicatoria de El Principito, Antoine de Saint-Exupéry

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Si quieres leer más, te sugiero los siguientes links

https://www.eldesconcierto.cl/2018/02/16/contra-el-adultocentrismo

https://radio.uchile.cl/2017/11/03/adultocentrismo-la-eterna-dictadura-que-pesa-sobre-los-ninos

1 thought on “Adultocentrismo, una fábrica de pequeños adultos”

  1. El adultocentrismo es una distorsión fuerte que se presenta entre quienes trabajamos con niños.

    No se soluciona dejando de ser adulto, infantilizándonos, pues lo que los niños esperan de nosotros es que seamos precisamente sus adultos de confianza.

    El problema es forzar el mundo adulto a las categorías del niño. Conectar con el niño que fuimos, esforzarnos en comprender, renunciar a la pretensión de tener todas las respuestas por el solo hecho de ser adultos son las claves para trabajar con el mundo infantil desde nuestra adultez, pero sin adultocentrismo.

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